Iniciamos una serie de entrevistas con algunos de los integrantes de la misión desplegada en Venezuela para conocer, desde dentro, cómo se vive una emergencia internacional y qué hay detrás del trabajo de un equipo USAR cuando cada minuto puede significar una vida.
"Cuando ocurre una catástrofe, no pensamos en la distancia. Pensamos en las personas que necesitan ayuda." Juan Luis de la Cerda Vega (Presidente de la ONG BBRE y Coordinador del área de logística y equipamiento)
Cuando se produjo el terremoto, ¿en qué momento supiste que vuestra ONG debía estar allí? ¿Cómo se toma una decisión así?
La decisión realmente empieza a tomarse mucho antes de que ocurra una catástrofe. Durante años nos hemos preparado para responder cuando llegue ese momento, así que cuando recibimos la información sobre los terremotos, lo primero que hicimos fue valorar si podíamos aportar algo útil.
No se trata únicamente de tener ganas de ayudar. Hay que comprobar la situación del país, la coordinación con las autoridades, la seguridad del equipo, los recursos disponibles y la capacidad de ser autosuficientes durante la misión.
Cuando vimos que podíamos sumar y que existía la posibilidad de colaborar con otros equipos internacionales, no hubo muchas dudas. Sabíamos que teníamos que intentarlo.
Porque cuando formas parte de una organización de búsqueda y rescate, ayudar no es una improvisación, sino un compromiso adquirido mucho antes.
Mientras la mayoría de la gente veía las noticias desde casa, tú tenías que coordinar personas y recursos. ¿Qué pasa por la cabeza del presidente de una ONG en esos momentos?
Son momentos de mucha responsabilidad.
La gente suele pensar que la parte más difícil comienza cuando llegas a la zona afectada, pero en realidad empieza mucho antes.
Hay familias esperando noticias, compañeros que dejan su trabajo, personas que organizan el material, colaboradores que ayudan desde España...
Todo eso depende de que las decisiones sean acertadas.
Intentas mantener la calma porque sabes que el equipo necesita seguridad y confianza.
También eres consciente de que cada minuto cuenta y de que cualquier retraso puede afectar a la misión.
No piensas en ti.
Piensas en que todo el equipo llegue, trabaje con seguridad y vuelva a casa después de haber ayudado todo lo posible.
¿Cuál ha sido el momento de mayor orgullo durante esta misión?
Más que un momento concreto, me quedo con la actitud del equipo.
Ver a compañeros dejar a sus familias, coger una mochila y estar preparados para viajar miles de kilómetros con el único objetivo de ayudar a personas que no conocen es algo que emociona.
También me llena de orgullo comprobar cómo tantas personas colaboran desde España para que una misión como esta sea posible.
Muchas veces solo se ve al rescatista trabajando sobre el terreno, pero detrás hay decenas de personas haciendo posible que todo funcione.
Eso demuestra que la solidaridad sigue muy viva.
Después de tantos años trabajando como bombero y ayudando, ¿qué tiene una catástrofe como esta que nunca deja de impresionarte?
La capacidad que tiene la gente para ayudarse incluso en los peores momentos.
Cuando llegas a una zona devastada encuentras dolor, incertidumbre y miedo.
Pero también ves vecinos ayudando a vecinos, personas compartiendo lo poco que tienen y familias que, a pesar de haberlo perdido todo, siguen preocupándose por los demás.
Eso siempre impresiona.
También te recuerda que detrás de cada cifra que aparece en las noticias hay personas reales, con nombres, historias y familias.
Y eso nunca debemos olvidarlo.
¿Qué te gustaría que la sociedad entendiera sobre el trabajo que realizan los equipos de rescate y las ONG?
Me gustaría que entendieran que el rescate empieza mucho antes de llegar al lugar de la emergencia.
Detrás de cada misión hay meses e incluso años de formación, entrenamientos, simulacros, preparación física, mantenimiento del material y coordinación con otras organizaciones.
Nada ocurre por casualidad.
Y también me gustaría transmitir que la prevención sigue siendo la mejor herramienta que tenemos.
Como bomberos solemos decir que el mejor rescate es el que nunca hace falta realizar.
Por eso insistimos tanto en la formación de la población, en la autoprotección y en estar preparados para afrontar cualquier emergencia.

